Uso de la raya en los diálogos

Seguimos con los signos de puntuación, después de la coma y del punto y coma. Abordaremos en esta ocasión la raya o guion largo y veremos el buen uso de la raya en la escritura de diálogos, con especial atención a los diversos casos que se nos pueden plantear.

Como primera provisión, hay que distinguir el guion corto (-), el signo menos (–) y el guion bajo (_). No tienen nada que ver los unos con los otros ni con la raya (—), pese a que hay editoriales que emplean algunos de los anteriores en sustitución de la raya, lo que no deja de ser un importante error. Cada signo tiene una misión que cumplir y debe atenerse a ella, exclusivamente. En este caso, el uso de la raya en los diálogos está bien delimitado por la normativa vigente.

Podéis encontrar en Internet listados con los signos especiales, por ejemplo aquí, y cómo se introducen por el teclado. Como uso Windows, puedo indicaros cómo se hace con este sistema operativo, como ejemplo, para los siguientes signos:

Signo menos (–): Alt + 0150

Raya o guion largo (—): Alt + 0151

Comillas latinas de apertura («): Alt + 174

Comillas latinas de cierre (»): Alt + 175

Por supuesto, esto significa que mientras mantenemos pulsada la tecla Alt, pulsamos a la vez la secuencia numérica correspondiente… y aparecerá el signo.

Uso de la raya

Vamos, pues, a comentar sucintamente el uso de la raya en los diálogos, teniendo en cuenta que la raya tiene otros usos relevantes, especialmente en forma de acotaciones respecto al texto no dialogado, como sustituto o alternativa a los paréntesis.

Uso de la raya en los diálogos

Vamos a ver los casos fundamentales del uso de la raya en los diálogos. Lo primero que hay que decir es que el diálogo comienza siempre con raya, pegada al primer carácter (salvo el espacio en blanco, por supuesto, que está vetado). Mejor con ejemplos:

—Te creo.

—¿Me crees?

—¡Es posible!

Ahora vamos a comentar los incisos del narrador. Para hacer un buen uso de la raya, esta debe separarse del último carácter escrito:

—Te creo —dijo Luis.

—¿Me crees? —preguntó Marisa.

—¡Es posible! —añadió Alfonso.

Está claro, ¿no? La raya pegada al principio del parlamento del personaje o pegada al inciso del narrador. Ahora lo vamos a complicar un poquito. Imaginemos que sigue el parlamento del personaje después del inciso. En este caso el inciso hay que cerrarlo con otra raya, también pegada al último carácter escrito, así:

—Te creo —dijo Luis—, no hace falta que me lo demuestres.

Hay que advertir que después de la última raya del inciso puede ir cualquier signo de puntuación, salvo otra raya, por supuesto, de este modo:

—Te creo —dijo Luis—. Mañana me ocuparé de ese asunto.

—Te creo —dijo Luis—; tu credibilidad te avala.

—Te creo —dijo Luis—: sé que no me mientes.

Para el correcto uso de la raya, vamos a introducir ahora un nuevo elemento. Cuando el inciso no comienza por un verbo “dicendi” (responder, decir, afirmar, exclamar, concluir, gritar, etc.), la primera letra se escribe en mayúscula. Ejemplos:

—Te creo —Se sentó en la butaca—. No sé qué haré a partir de hoy.

—Te creo —Se sentó en la butaca—. No sé que haré a partir de hoy —concluyó Luis.

Sin embargo, el parlamento del personaje y los incisos pueden seguir, aunque no es una práctica muy recomendable, dado que puede inducir confusión en el lector, por ejemplo:

—Te creo —Se sentó en la butaca—. No sé qué haré a partir de hoy —dijo Luis a continuación—, es posible que tenga que replantearme toda la estrategia y volver a repensar el asunto —concluyó Luis.

Una observación pertinente, ya que se cometen muchos errores en este punto: como podemos observar, el signo de puntuación correspondiente se coloca siempre después de la raya, nunca antes.

MAL: —Te creo. —dijo Luis— Mañana miraré ese asunto.

BIEN: —Te creo —dijo Luis—. Mañana miraré ese asunto.

Otra observación al hilo: el cierre de un inciso, al final de la intervención de un personaje, siempre es con un punto final. Ejemplos:

MAL: —Te creo —concluyó Luis—.

BIEN: —Te creo —concluyó Luis.

Por último, un uso de la raya que puede parecer contradictorio, pero que no lo es. Veamos un ejemplo:

—Te creo —dijo Luis, y agregó—: No sé qué haré a partir de hoy.

Normalmente, salvo excepciones, después de los dos puntos, se inicia con minúscula. Esta es una de las excepciones. Supongamos que el narrador, después de “Te creo”, hace una pausa larga (equivalente al punto). Entonces, al reanudar el parlamento, es normal que después de los dos puntos se inicie con mayúscula: sería como una nueva frase.

Foto libre de derechos de Pixabay.

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8 Comments

  1. servando 19 Enero, 2016 Reply
  2. Fabián Coniglio 24 Enero, 2016 Reply
  3. Luis 19 Marzo, 2017 Reply
    • Jose Pimat 19 Marzo, 2017 Reply
  4. Dani 2 Mayo, 2017 Reply

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