Tipos de intertextualidad

Si comienzo a hablar de tipos de intertextualidad sin una reflexión previa, quizás algunos de los lectores habituales del blog no vayan a poder situarse bien en el contexto del artículo. Así que voy a comenzar con palabras muy sencillas, accesibles para todo el mundo. Imaginemos que escribo un texto (cualquiera, no importa). ¿Ese texto, será completamente autónomo, sin ningún tipo de influencias, sin beber de ninguna fuente? La pregunta es muy sencilla de contestar con un rotundo… ¡NO! Y eso por muy original que yo sea al escribirlo, no tiene nada que ver lo uno con lo otro. Y además puede ampliarse a cualquier escritor en cualquier escenario y en cualquier tiempo, incluso a los contadores de historias de épocas remotas.

Y no solo estriba la cuestión en que seamos hijos de nuestro tiempo, de nuestra historia, etc. Es que, además, somos hijos de nuestra cultura, nos nutrimos constantemente de ella, ya sea para hablar o para escribir. Por tanto, todo lo que se nos ocurra escribir estará sometido al influjo de esa cultura. A esa relación estrecha de unos textos con otros se la llama, de un modo muy general, intertextualidad. Y al hablar de tipos de intertextualidad lo que vamos a hacer será intentar diferenciar entre relaciones distintas, desde las más generales (una influencia difusa) hasta las más concretas (por ejemplo, la cita de otro autor).

Tipos de intertextualidad

La imagen sirve para explicitar que si alguien nos habla de caballeros armados, o leemos algo al respecto, nos vendrán a la cabeza rápidamente una serie de tópicos: los caballeros del rey Arturo, el Santo Grial, San Jorge y el dragón, incluso la narración del Quijote, por poner unos cuantos ejemplos entre centenares que podrían encontrarse. Es decir, al leer algo, inmediatamente lo asociamos con otros textos (sean relatos, cuentos, novelas, ensayos, etc.). Bien, los autores también lo hacen al escribir.

Hay muchos tipos de intertextualidad, pero al ser un tema demasiado técnico no conviene reproducir esa jerga en este blog de carácter general (al menos eso pretende). Para quien quiera conocer esa teoría, lo remito a este artículo de la Wikipedia, bastante extenso y explicativo. Prefiero, en este caso, ilustrar el tema con un ejemplo significativo:

En donde esté una piedra solitaria

sin inscripción alguna,

donde habite el olvido,

allí estará mi tumba.

Bécquer

Donde habite el olvido,

en los vastos jardines sin aurora;

donde yo solo sea

memoria de una piedra sepultada entre ortigas

sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Luis Cernuda

Los anteriores son textos pertenecientes a sendos poemas. ¿Qué es lo común, lo que nos llama enseguida la atención? Naturalmente, el verso que está repetido (y resaltado, en este caso). Entre los distintos tipos de intertextualidad diferentes (no hay una clasificación definitiva), este en concreto sería una especie de fuente de inspiración, aprovechando un verso muy concreto, que después ha aparecido incluso en canciones.

Luis Cernuda estuvo influido por Bécquer y le sirvió de modelo (como tantas veces ocurre en literatura), así que no es extraño que incluyera el verso en un poema propio y que, además, sirviera de homenaje al creador original del verso.

Tipos de intertextualidad

A pesar de todo, podemos mencionar tres tipos de intertextualidad muy comunes y muy empleados a lo largo de la historia de la literatura, que tratan aspectos muy concretos. Veamos cuáles son.

La cita

Entre los tipos de intertextualidad que investigamos, es uno de los más comunes. Todos sabemos lo que es una cita literaria (o en otro tipo de textos, no importa). ¿Qué escritor no ha citado alguna vez a otro, de una u otra forma?

La cita es una referencia explícita de otro texto. Además, es literal (o al menos, debería serlo). Es decir, por un lado ponemos la cita y por otro la fuente (autor, obra, año, etc.). Y lo hacemos de manera literal, tal como escribió ese fragmento su autor (a ser posible, en la lengua en la que fue escrito). Si está traducido, hay que procurar citar la editorial, el año de la traducción, el traductor, etc.

Claro está que no siempre es así. A veces, los escritores incorporan una cita al comienzo de cada capítulo y solo incluyen, como fuente, al autor original. Depende siempre del contexto de lo que estamos haciendo, no es lo mismo una cita en un ensayo, donde se requieren todas las fuentes de información posibles, que la cita en una narración.

El plagio

Otro de los tipos de intertextualidad presentes en muchos textos, aunque a veces los autores no especifican la fuente, y por eso se habla de plagio. Es decir, no es necesario que el plagio sea literal; por ejemplo, se puede plagiar una idea, un argumento, un personaje, etc. Solo hablamos de plagio cuando el escritor no hace referencia a su fuente original.

La alusión

En cambio, si en el texto encontramos una referencia, por vaga que sea, a otro texto, estamos ante una alusión, otro de los tipos de intertextualidad más habituales, puede que el más frecuente. Veamos un ejemplo, en este caso construido por mí mismo:

Ser o no ser… las palabras mágicas del Hamlet resonaron en mí aquel día para cambiar mi propia historia…

Como vemos, hay una alusión explícita a la obra de Shakespeare. Al margen del ejemplo, hay que decir que se han hecho populares muchísimas expresiones o frases que un día aparecieron en un texto literario. En el ejemplo expresado, ni siquiera podemos decir si la expresión fue utilizada por primera vez por Shakespeare; de lo que sí estamos seguros es de que, cuando la usamos actualmente, siempre nos viene a la mente la obra del bardo inglés, Hamlet.

Por otro lado, es muy frecuente que autores noveles, o poco experimentados, empleen este tipo de frases o expresiones sin hacer ninguna mención explícita al autor o la obra originales. Simplemente, lo que hacen es tomar las expresiones del acervo popular, que las ha hecho suyas, incluso en el lenguaje hablado. Sería otro de los tipos de intertextualidad a dilucidar: una especie de “plagio inconsciente”.

O también muy consciente, depende; no hay más que pensar en los cuentos que comienzan por “Érase una vez…”. En este caso, los lectores interpretan que el escritor está en su derecho de emplear una expresión tan extendida que todo el mundo la entiende… y, a la vez, que todo el mundo la sobreentiende, que se utiliza por tradición y que no comporta ninguna falta de ninguna clase, sobre todo si el escritor pretende introducir alguna variante original, por ejemplo:

  • Érase una vez que se era en aquella era…
  • Érase una vez un cuento muy divertido, veréis…
  • Érase una  vez un escritor atado siempre al mismo cuento…

Estos ejemplos, que acabo de imaginar, dan una idea de la plasticidad con la que pueden emplearse fórmulas antiguas, para renovarlas. En fin, como puede observarse fácilmente, los tipos de intertextualidad que podemos diferenciar son múltiples, sobre todo si nos fijamos exclusivamente en casos muy concretos. Es casi seguro, o seguro del todo, que si buscáramos ejemplos y más ejemplos, este artículo no se terminaría nunca, porque hay por doquier.

¿O acaso el título Ulises de la novela de James Joyce no tiene nada que ver con la obra clásica de Homero? ¿O cuando vemos una película y nos queda en la retina una imagen que asociamos a otra película no estamos hablando también de otros tipos de intertextualidad, aunque en este caso referidos al campo visual o icónico? Naturalmente, en este último caso, el concepto intertextualidad puede ser sustituido por otro afín a la semiótica en general. Pero esa ya es otra historia… Fíjese el lector que la última coletilla es bien conocida.

Foto de Manuel, en Flickr.

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7 Comments

  1. Damian 31 octubre, 2016 Reply
  2. LUIS ORLANDO MUÑOZ GUTIERREZ 14 diciembre, 2016 Reply
  3. Ivana 7 junio, 2017 Reply
  4. marisol amaro 6 septiembre, 2017 Reply
    • Jose Pimat 6 septiembre, 2017 Reply
  5. Tomas 7 septiembre, 2017 Reply
  6. María del Rosario Pespani 18 septiembre, 2017 Reply

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