Subtramas en narrativa

En el artículo “El esquema narrativo en la novela” aprendimos a diferenciar entre argumento, trama, conflicto, etc. Hoy vamos a hablar de las subtramas y de su papel dentro de la novela, que es donde solemos encontrarlas, ya que muy raramente encontraremos subtramas en relatos cortos, es una cuestión de mera extensión, en este caso concreto.

Todos conocemos el caso de las series televisivas, donde con mucha frecuencia las subtramas no son más que la trama de ese episodio, constituyéndose cualquier serie en una sucesión de tramas distintas y autónomas, por lo menos en bastantes ocasiones. Sin embargo, una novela tiene aspiraciones de ser una unidad, un ente diferenciado en el que las subtramas, de haberlas, deben cumplir una función especial. Nuestro cometido en este artículo será mostrar esa función —o funciones— dentro del entramado narrativo.

Subtramas

Subtramas narrativas: finalidad y objetivos

Hay casos en que el escritor añade subtramas (una o varias) como una especie de relleno de la novela. Su única finalidad consiste en llenar algunas páginas para posibilitar la edición y publicación de su obra. No obstante, como hemos dicho otras veces, cada palabra de una obra literaria debe cumplir unos objetivos precisos, así como cada párrafo, escena, capítulo, etc. Y por supuesto, esta norma de partida la hacemos extensiva a las subtramas que pudiéramos idear para una novela.

Si hablamos de una novela extensa, con un conflicto claro entre unos personajes determinados, no podemos resolver y concluir ese conflicto a las primeras de cambio, porque la historia se terminaría casi antes de haber comenzado. Para poder proseguir esa historia, tendremos que introducir en ella elementos adicionales, de forma que el conflicto se amplíe lo suficiente para continuar la historia e intrigar al lector lo suficiente. Esos elementos adicionales son las subtramas.

Partiendo de este presupuesto lógico, ¿cuáles serían las funciones que cumplen las subtramas dentro de la narración? Bien, podrían ser varias. La que se me ocurre de inmediato, como orgánicamente unida a la trama primaria, o principal, es la de profundizar en el conflicto original, a través de personajes (tal vez) adicionales y episodios aparentemente distintos, pero que no harán sino ahondar y reforzar ese conflicto.

La segunda función que se me ocurre es la de añadir complejidad y profundidad a personajes que, en principio, no parecían importantes, y que además ayudarán a desarrollar los personajes principales. La entrada en liza de esos personajes secundarios hará que el lector los comprenda mejor y que el escritor los pueda integrar en el conflicto principal, en el hilo conductor que toda novela, o mejor dicho, que toda historia tiene. El autor idea un argumento con un conflicto inherente, básico, primordial, que luego desarrollará conforme a una trama primaria, pero que podrá matizar en las tramas secundarias (o subtramas) que se insertarán a la vera de aquella.

Una tercera función puede ser la de dotar de cierto realismo a toda historia desarrollada a través de una novela extensa. Sabemos que la vida humana es compleja, a veces caótica o azarosa, con infinidad de problemas que van añadiéndose con el tiempo de forma inexorable, a veces sin que podamos evitarlo. Nuestra libertad es limitada, y nunca es suficiente, dependiendo además de múltiples factores y circunstancias diversas. Esta compleja realidad es la que desea reflejar el novelista y una de las formas de hacerlo es añadir subtramas (una o varias) a lo largo de su historia. Hay que tener en cuenta que a los lectores que les gustan las novelas extensas, seguramente les conquistan los autores por los elementos mencionados anteriormente, y por tanto las subtramas serían como la guinda del pastel, rematan la edificación y le añaden un elemento apetitoso que los lectores sienten como necesario.

Por tanto, y para resumir todo lo dicho hasta aquí, las pequeñas historias que funcionan como subtramas en una novela lo suficientemente extensa, no dejan de ser sino pequeños incisos que potencian y elevan el tono de la historia principal. Son los afluentes de un río que para ser caudaloso necesita de aquellos. Es más, se podría decir que el río, sin sus afluentes, no sería el mismo, sino uno bien diferente. ¿Qué sería del Amazonas sin sus afluentes? Del mismo modo, ¿que sería de una historia compleja sin sus pequeñas historias añadidas que le dan empaque y sabor único?

Uno puede pensar, por ejemplo, en un argumento amoroso típico, pero lo que hará diferente a una novela concreta de otras, será el desarrollo de las pequeñas historias adicionales que en forma de subtramas, darán una cierta sustancia diferente a cada una de las obras que tengan ese argumento común.

Foto de José María Pérez Núñez, en Flickr.

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8 Comments

  1. annabolox 2 junio, 2015 Reply
    • Jose Pimat 2 junio, 2015 Reply
    • Jose Pimat 8 noviembre, 2015 Reply
  2. Ángela GP 22 julio, 2016 Reply
    • Jose Pimat 26 julio, 2016 Reply
    • Jose Pimat 18 abril, 2017 Reply

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