Punto y coma; una feliz elección para escribir mejor

Siguiendo con el análisis que hicimos hace unos días de la coma, hoy introducimos un signo de puntuación de los menos usados y comprendidos por el público general e incluso por escritores noveles, que no saben cómo y dónde utilizarlo: el punto y coma.

Sin embargo, el punto y coma no deja de ser otro signo de puntuación más, con funciones específicas y otras no tanto, por lo que su elección es, en diversas ocasiones, producto de las preferencias de los autores por imponer un ritmo determinado a su narración, entre otras curiosas y no menos importantes funciones.

El punto y coma

Como definición general se suele decir que el punto y coma impone una pausa mayor que la coma y menor que el punto; está bien, pero no es suficiente. Veremos, a lo largo de este artículo, cómo el punto y coma puede usarse a veces como sustituto de la coma, pero también del punto e incluso de los dos puntos. ¿Quiere decir ello que son intercambiables, sin más? No exactamente.

El punto y coma: funciones habituales

1- En general, podríamos decir que separa ideas próximas, semánticamente contiguas.

Me estoy vistiendo; no logro encontrar la corbata que usé la última vez.

Quiero morir en mi tierra; me parece lo natural.

2- Se emplea en las enumeraciones con comas.

Se dirigió a los soldados, que confiaban en su liderazgo; a sus generales, para agradecerles su lealtad; a sus oficiales, por su entrega; y en fin, a todos los que habían colaborado en la magna empresa.

3- El punto y coma también se emplea delante de conectores tales como pero, sin embargo, aunque, por tanto, por consiguiente, etc.

El muchacho resistió lo que pudo; sin embargo, llegó un momento en el que cedió a la presión.

4- Se utiliza punto y coma detrás de cada uno de los elementos de una relación cualquiera. Por ejemplo:

  • dos copas de vino;
  • una cucharada de sal;
  • una pizca de pimienta;
  • aceite en abundancia.

Obsérvese, sin embargo, cómo el último elemento hay que cerrarlo con punto.

5- También se usa habitualmente el punto y coma para resumir lo dicho con anterioridad.

El ruido, el bullicio, el movimiento incesante, las prisas, el griterío; todo me hace pensar que la gente se prepara para la gran noche.

6- Para separar oraciones que carecen de preposiciones o conectores conjuntivos.

Solo con ver el estado de la estancia, María supo qué hacer inmediatamente; quitó el polvo, la barrió, la fregó, la abrillantó y la pulió.

7- El punto y coma representa a veces la conclusión de un texto anterior.

Los médicos corrían, las enfermeras galopaban, los sanitarios no sabían qué hacer, la gente de la sala de espera estaba expectante; nunca hubo tanto movimiento en ese hospital.

8- Y, en fin, para deshacer confusiones que pudiera establecer el lector, por ejemplo:

En la cómoda había una copa; en el mueble, tres medallas de los juegos; en la pared, dos grandes fotografías.

Si elimináramos los punto y coma (el plural es invariable, no se escribe “los puntos y comas”), y pusiéramos en su lugar comas, el lector quedaría un poco desorientado; además, así establecemos de antemano el ritmo de lectura.

Usos optativos del punto y coma

Naturalmente, la relación anterior se refiere a las funciones habituales de los punto y coma, pero el empleo subjetivo de este signo de puntuación abre la puerta a otros usos diferentes. En general, podríamos decir que el punto y coma tiene su uso más adecuado en el contexto de párrafos complejos, con muchas oraciones subordinadas o coordinadas. El autor, en ese momento, tiene la opción de emplear el punto y coma no solo como separador de oraciones, sino también como elemento primordial del ritmo y del tono con los que quiere caracterizar su estilo. Marcel Proust, en su época, representó de forma magistral el uso descrito.

Otro uso apropiado del punto y coma es para relacionar frases que exponen diversos puntos de vista sobre el tema tratado. Veamos un ejemplo:

En relación a los desahucios, muchos estaban de acuerdo; otros, en cambio, no lo veían claro; y por último, algunos expresaban su absoluto desacuerdo.

En las oraciones con causa – efecto, el empleo del punto y coma es más oportuno que la coma o que las conjunciones, puesto que establece claramente una pausa que el lector tiene en cuenta, de forma inconsciente, para establecer el ritmo del discurso; el ritmo también se ve afectado si se utilizan los punto y coma en lugar del punto y seguido, dándole al texto mayor fluidez. Son los dos extremos en los que el punto y coma establece su diferenciación clara con la coma, por un lado, y con el punto, por otro. Veamos dos ejemplos de lo dicho en este párrafo:

Ella llegó a quererlos como amigos; aunque eran algo raros, se comportaban como completamente inocentes; en su sonrisa, encontraba un gran alivio para su alma atormentada.

Podrían haberse utilizado conjunciones o comas en el texto anterior, pero así el autor obliga (es un decir, claro está) al lector a efectuar una pausa más larga y, por tanto, a relacionar las frases con un ritmo algo más pausado que el habitual.

El modo en que lo dijo, la tensión que se estableció, la firmeza de su postura; todo hacía presagiar un combate férreo; sin embargo, se dirimió con miradas evasivas.

Si sustituimos los punto y coma por puntos, el discurso se ve frenado. El lector asocia el punto a una pausa más larga y, por tanto, su ritmo de lectura se enlentece. Esto no es más que la feliz elección de un autor con los signos de puntuación adecuados para dotar a sus escritos de un estilo particular. Los autores literarios tienen preferencias por unos signos de puntuación u otros en función de su estilo particular, ya se trate de Hemingway (punto), José Saramago (coma) o Marcel Proust (punto y coma), para citar tres casos paradigmáticos, entre muchísimos otros.

Como es lógico, el estilo literario de cada autor (salvo excepciones importantes) se establece a través de los años, decantándose a través de sucesivas elecciones sobre distintos aspectos del discurso narrativo (o de otro tipo de discurso, como podría ser ensayo, crónicas periodísticas, textos académicos, etc.)

En fin, como broche final al artículo, veamos cómo el punto y coma resuelve distintas relaciones semánticas entre frases próximas:

Relación de contraste.

En invierno me gusta correr; en verano, prefiero nadar.

Relación antagónica.

Al hablar me producía una sensación agradable; al no decir nada, mi sensación variaba hacia el lado opuesto.

Relación explicativa.

Cuando trabajo mucho, me estreso; en pocas palabras, me pongo muy nervioso.

Relación de paralelismo.

Unos salían el viernes; otros preferían el sábado.

Relación entre el todo y una de las partes.

El sistema digestivo se compone de varios elementos; el primero de ellos, la boca.

Conclusión final

Como hemos observado a lo largo del artículo, sobre todo al final, la elección del punto y coma es hasta cierto punto subjetiva, pero hay que tener en cuenta diversos aspectos si queremos que nuestro discurso se diferencie y se amplíe con el que solíamos hacer; para ello, no solo el punto y coma, todos los signos de puntuación pueden elegirse en función de diversos factores que el autor deberá tener siempre presentes; para ello, nada mejor que conocerlos bien, que es el propósito de esta serie de artículos que comenzó con la coma y que seguiré, con el tiempo necesario, hasta hablar de todos ellos, para que los lectores de este blog tengan el conocimiento suficiente al respecto.

Otras fuentes de información:

Por supuesto, la Guía de Puntuación de este sitio web.

Y naturalmente, la RAE, la mejor fuente oficial de información académica.

Foto de Victor Nuño, en Flickr.

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7 Comments

    • Jose Pimat 19 Enero, 2016 Reply
  1. Regla Contreras 19 Febrero, 2016 Reply
  2. Pedro 7 Octubre, 2016 Reply

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