Punto de vista del narrador: profundización y ejemplos

Hola de nuevo. Ya traté en un artículo anterior el tema del punto de vista del narrador. Lo hice de manera superficial y quisiera profundizar un poco. Sobre todo porque es muy importante para todo aquel que quiera introducirse de lleno en el arte de la narrativa. No estará de más repetir un par de ideas básicas:

  1. El autor no es el narrador. De hecho no tiene nada que ver. El autor crea una obra de ficción con una trama, unos personajes, unos acontecimientos, etc. El narrador, el que cuenta la historia, lo podríamos asimilar a un personaje más. Es otro elemento del conjunto al que denominamos “obra de ficción”, ni más ni menos.
  2. Lo más importante que hace un autor antes de ponerse a escribir es elegir con todo cuidado ese elemento de ficción que es el narrador, y especialmente lo que conocemos como “punto de vista del narrador”.

Punto de vista del narrador

Punto de vista del narrador: primer ejemplo

Como todo se ve mucho mejor con ejemplos que con farragosa teoría, voy a poner unos cuantos, al menos dos. Imaginad que elegís como punto de vista del narrador el vuestro propio. De hecho, muchos autores principiantes lo hacen así, aunque sea de forma inconsciente. ¿Cuál será el resultado previsible? Desde luego no será una historia de ficción, que es lo que espera el lector de narrativa. Será una especie de digresión constante de la vida, pensamientos, sentimientos, valores, etc., del propio autor. Digamos que será una “hemorragia narcisista“, por emplear un término gráfico.

Como podéis imaginar con facilidad, esto no tiene que ver con una obra de ficción, sino con la propia vida del autor, que quiere reflejar al máximo su punto de vista personal sobre todo lo divino y humano. Esto es lo más corriente en todo autor principiante… y es lo primero que ve un lector especializado (de una editorial, por ejemplo). Un lector formado tiene la viva impresión de que el autor no ha elaborado una obra con la suficiente distancia sobre sí mismo para considerarse una obra de ficción y no un mero anecdotario de la propia vida. Tanto es así que la mayoría de manuscritos no pasan este primer filtro. Y no creáis que los lectores profesionales se leen todo el manuscrito. En la mayoría de ocasiones les basta leer unas pocas páginas, muy pocas.

Punto de vista del narrador: segundo ejemplo

Imaginemos ahora otra posibilidad, también típica en autores noveles. Se elige a un personaje y el autor lo sigue. Bien, correcto. Diríamos que el punto de vista del narrador corresponde a ese personaje (aunque esté escrito en tercera persona, no importa). Pero ay, cuando estamos metidos de lleno en esa historia, como por arte de magia, surge de pronto otro narrador en primera persona. Por supuesto este segundo narrador habla por boca del autor. Y el procedimiento lo sigue el autor durante toda la novela. Esta técnica es sumamente errónea y lo lógico sería que el lector abandonase de inmediato la lectura. La ficción no es creíble.

Cosa distinta es que el autor elija un punto de vista del narrador diferente para cada personaje y vaya alternando las voces narrativas por capítulos, partes, etc. Esto es plenamente correcto (si está bien hecho) y se practica frecuentemente hoy día.

Punto de vista del narrador: tercer ejemplo

No sé si estoy transmitiendo bien la idea esencial. En este tercer ejemplo lo veremos más claro. Supongamos que quieres escribir tu primera novela. ¿Por dónde empezar? No se trata solo de imaginar unos personajes, crear una trama y comenzar a escribir “a lo que salga”. Aunque parezca increíble, es así como lo hace el noventa y tantos por ciento de los que comienzan una novela.

Lo correcto es empezar desde cero. Hay que preguntarse quién va a contar la historia. Es decir, en pocas palabras, el tema de nuestro narrador. Recordad que es un elemento de ficción más. Hay que distanciarse de él tanto como de los personajes. Imaginemos que queremos escribir una historia de misterio, con un detective, por ejemplo. Supongamos que decidimos que sea nuestro detective el narrador principal. Es decir, decidimos que el punto de vista del narrador sea el de ese detective, el personaje que previamente hemos ideado y dotado de ciertas características. Esta simple elección tiene algunas consecuencias importantes.

La primera es que tendrás que escribir en primera persona, “como si” la historia la contara el propio detective. La segunda consecuencia importante es qué puede saber o conocer el detective. ¿Más o menos que otros personajes? ¿Más o menos que el lector? Evidentemente, en este caso, más que el lector. Sin embargo, ¿qué parte de la información que tiene el narrador le vamos a ocultar al lector? Bueno, son decisiones que hay que tomar, antes o después. Lo más aconsejable es que lo hagamos antes de iniciar el redactado de la obra.

Conclusiones

Quizás la conclusión más importante que podemos sacar sobre el tema del punto de vista del narrador es que tenemos que tomar esta importante decisión antes de escribir una sola línea. Porque el riesgo que corremos si no lo hacemos así es el de volver sobre nuestras huellas para borrarlas (aprovechando el doble sentido sobre una historia de detectives). Si emborronamos muchas cuartillas y nos damos cuenta que hemos equivocado el tiro tendremos que comenzar de nuevo. Y eso suele ser bastante ingrato.

Espero haber aclarado un poco más el tema del punto de vista del narrador, aunque un artículo no siempre deja profundizar demasiado más por el poco espacio disponible. Pero hay tiempo para escribir más artículos. Siempre hay tiempo.


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3 Comments

    • Jose Pimat 6 noviembre, 2017 Reply

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