Personajes narrativos: consejos generales y ejemplos

Una de las características típicas que podemos demandar de los personajes narrativos es su cercanía. El lector debe meterse en la piel de cada uno de los personajes para entrar de lleno en la historia contada. No hay historia sin personajes, eso es evidente. Pero si estos son lejanos, si los percibimos como ajenos, no seguiremos el relato con interés. Y eso depende enteramente del escritor.

Personajes narrativos

Como sabemos, la narrativa es un viaje que realiza el lector a través de un médium: el autor. Este debe perfilar los personajes narrativos de tal forma que el lector pueda identificarlos con facilidad. Y algo más, debe poder empatizar con ellos. Incluso con los más detestables. ¿Por qué? Porque inclusos los personajes más viles tienen un lado humano que nos refleja. El autor debe extraer ese lado para construir personajes vivos y no meros estereotipos.

Personajes narrativos: consejos generales

Pensemos un momento en el contraste. Dos personajes pueden ser muy parecidos, como en la imagen, en cuanto a cultura y motivaciones. Sin embargo, el lector tendrá que diferenciarlos claramente. Y mucho más en el caso de personajes disímiles. Un ejemplo claro serían los personajes narrativos que usaban los grandes escritores del siglo XIX. Dos personas de la nobleza podían compartir intereses, pero el autor introducía algún contraste importante para diferenciarlos. Y viceversa, un noble podría compartir sentimientos con un criado o un artesano.

Con el último ejemplo es posible introducir el concepto de credibilidad. Los personajes literarios deben ser creíbles por sí mismos. No deben parecer una simple proyección del autor. Para un escritor novel esta última observación es la más difícil de seguir. Lo normal es que los autores primerizos (aunque hayan escrito ya algunos textos) proyecten su psicología personal en casi todos los personajes que conciben.

El gran personaje: el narrador

Hemos hablado del narrador en otros artículos, por ejemplo en este. Sin embargo, siempre hay que insistir: el narrador es otro personaje más. Tal vez el más importante. En realidad es el que ejerce de mediador entre los demás personajes. Las criaturas literarias actúan entre ellas, pero (salvo en el caso del teatro) quien atempera esa interacción es precisamente la figura del narrador. Y no hay que confundirlo nunca con el autor. De nuevo, el escritor no debe proyectar nunca sus sentimientos, valoraciones, juicios, impresiones, etc., ni en el narrador ni en los diversos personajes.

Y, además, como sabemos, el narrador introduce el punto de vista de toda la historia en su conjunto. Si el relato es en primera persona, el narrador es el protagonista que habla de sí mismo y de los demás. En cambio, en tercera persona, no hay ningún personaje preeminente. De ahí que el narrador adquiera la importancia de un observador (neutral o no, depende).

De nuevo, pongamos el ejemplo de los grandes novelistas del XIX. Tal vez en la época romántica el punto de vista del narrador era más “partidario” que el correspondiente a la época realista, ya en la segunda mitad del siglo. Autores como Dickens o Tolstoi intentaban ser neutrales a través del narrador. Este era el tipo de narrador llamado omnisciente. Lo cual quiere decir que lo sabía todo de todos los personajes narrativos. El siglo XX alumbró otras formas de concebir al narrador, dejando más libertad al lector para completar tanto la descripción como la valoración o la actuación de los personajes.

Consejos finales

Con la llegada de las nuevas corrientes literarias, el narrador se convirtió en la mirada del lector. Pero también hubo otras interesantes novedades. Por ejemplo, la información ofrecida al lector se parceló. Se limitó, más bien. Se pretendió con ello no fatigar al lector, no atiborrarlo de una información que no podría digerir. Si el lector tiene que estar volviendo a páginas pasadas es que algo va mal. Lo ideal es que avance de manera rápida debido a una información útil y progresiva.

Es decir, la historia avanza y el lector va asentando la información previa mientras llegan nuevas oleadas (discretas) de nueva información. Ese es el proceso lógico, pensando en la psicología del lector medio.

Por último, uno de los mejores consejos que pueden darse para escritores que comienzan en las artes del relato literario es el de confeccionar fichas de personajes narrativos lo más amplias posibles. No solo para la novela que se está escribiendo en el presente. Es posible que las fichas sirvan para futuros trabajos, introduciendo las variaciones precisas.

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