Palabras ambiguas: todo un mundo por descubrir

Las palabras ambiguas son aquellas que tienen varios significados o que admiten diferentes interpretaciones, sobre todo cuando están en el contexto de una frase o de una expresión. Sin embargo, el término “palabras ambiguas” también puede referirse a la definición académica de los sustantivos que admiten los dos géneros gramaticales, por ejemplo, el calor y la calor, el mar o la mar, etc. o aquellos que cambian de significado al cambiar de género, como el guía (alguien que orienta) y la guía (que puede ser una mujer que orienta, pero también la guía telefónica o una guía de viajes).

Por tanto, si nos referimos a la ambigüedad, si no querías caldo, ¡dos tazas llenas! Ya nos hemos referido en otros artículos al significado de las palabras, a los tipos de sinonimia o al sentido figurado, que hacen también referencia —de un modo u otro— a la polisemia de las palabras o de las frases, pero en este artículo me voy a centrar en cómo podemos solucionar de un modo práctico los problemas planteados por la ambigüedad lingüística (dos palabras seguidas con diéresis no es habitual, hay que reconocerlo, pero el azar es así).

La ambigüedad, en un sentido general, se define como la posibilidad de que algo pueda entenderse de varios modos. Así hablamos de una declaración ambigua o de una postura ambigua. Tan es así que Sigmund Freud llegó a escribir que “la incapacidad para tolerar la ambigüedad es la fuente de todas las neurosis”. Está bien, pero no somos tan pretenciosos de hablar en un sentido tan general y nos limitaremos a precisar en qué casos la ambigüedad lingüística puede ser “tratada” y reparada, para conseguir que las palabras ambiguas no nos frenen en nuestra escritura.

palabrasambiguas

Las palabras ambiguas y su análisis lingüístico

Si nos referimos a palabras ambiguas exclusivamente, un ejemplo bastante común e ilustrativo sería la del vocablo “banco”, que puede referirse al mobiliario urbano, a la entidad bancaria, a un banco de peces o a un banco de órganos… y si nos ponemos puntillosos, incluso al presente de indicativo del verbo bancar… que, como no podía ser de otra forma, admite asimismo varios significados, aunque solo en el mundo hispanoamericano.

Pero prefiero basarme en un contexto de oraciones formadas, aunque sean simples. Si digo, por ejemplo, “¿cómo se llama?”… puedo referirme, o bien a la segunda persona, en un tono formal (es decir: ¿cómo se llama usted?) o bien a la tercera persona (es decir: ¿cómo se llama él?). Como se puede ver intuitivamente, en un escrito es fácil interpretar si nos referimos a una opción o a la otra, pero en caso de duda, no hay más que añadir la coletilla (usted, él/ella).

Veamos un caso un poco más complicado: “se venden zapatos de piel de señora”. Bueno, este caso también es relativamente fácil. No creo que a nadie se le ocurra pensar que esos zapatos están hechos con piel de mujer, pero ¿quién sabe? En todo caso se presta a la ambigüedad.

Añadamos dificultad al análisis de las palabras ambiguas, o de las frases ambiguas: “La madre de Juanito guardó los juguetes que el niño dejó bajo la cama”. ¡Mayor anfibología imposible! Por cierto, “anfibología” es la manera fina de designar a la ambigüedad, en el ámbito literario.

Pero analicemos la frase. Aparentemente está bien construida, desde un punto de vista sintáctico. A mí se me ocurre que el niño dejó bajo la cama unos juguetes que su madre guardó en otro lugar, en el lugar pertinente, en un cajón, etc. Pero alguien podría interpretar que la madre metió debajo de la cama los juguetes que el niño dejó por el suelo. La frase permite esa ambigüedad estructural, pero es fácil de solucionar: “la madre de Juanito guardó los juguetes —que el niño dejó— bajo la cama”. En este caso ya no cabe ambigüedad alguna.

Es decir, siempre podremos manejar las palabras ambiguas, o las frases, o las expresiones, de un modo conveniente por medio de los instrumentos de puntuación (véase Guía de puntuación) o por reordenamientos internos dentro de la propia frase, en este caso otra solución sería: “la madre de Juanito guardó bajo la cama los juguetes que el niño dejó”.

Algunos otros ejemplos de palabras ambiguas en frases

“El pavo está listo para comer” (¿quién va a comer, nosotros al pavo o el pavo va a comer grano).

“He visto a Antonio que estaba vendiendo sus muebles en el rastro” (si esto se lo dice José a Juan… ¿de qué muebles se trata, de los de Antonio o de los de Juan?).

“La perra de Isabel está enferma” (si alguien está escuchando esto, probablemente no sepa a qué se está refiriendo el o la interviniente, pero “intencionalidad” puede llevar un rato).

En fin, amigos, os dejo que penséis un poco más sobre las palabras ambiguas, quizás os encontréis alguna que otra sorpresa si indagáis sobre el tema.

Si os ha gustado el artículo, no dejéis de comentarlo. Y también podéis compartirlo en las redes sociales, con los botones de abajo. Muchas gracias en cualquier caso.

Foto recortada de “observa a tu alrededor” en Flickr.

 

No hay respuestas

Deja un comentario si te parece oportuno

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.