Narrar con verbos: trucos narrativos

Casi todos los escritores primerizos se hacen siempre preguntas de toda índole al analizar las palabras. Una de las más usuales es: ¿cómo narrar con verbos? Es decir, ¿cómo hago para emplear los tiempos verbales de la forma más correcta? No existe una normativa rígida al respecto, pero pueden darse algunos consejos útiles.

Narrar con verbos

¿Qué pretendemos hacer al narrar con verbos?

Lo primero que tendremos en cuenta es lo que queremos lograr con la historia que vamos a relatar. ¿Nos vamos a apoyar en la memoria? Porque entonces utilizaremos tiempos del pasado. ¿Queremos explicar algo que ocurrirá el año que viene? Nuestro tipo preferido será el futuro. ¿Vamos a tener en cuenta posibilidades o condiciones? Sería con el condicional, ¿no es cierto? El presente es una especie de comodín que puede simular otros tiempos verbales, especialmente el pasado. Por último, si queremos introducir subjetividad en la narración, no tendremos más remedio que apoyarnos en los tiempos del subjuntivo. Por cierto, el último artículo versaba sobre este último tiempo verbal.

Ejemplos I (lo que no debe hacerse)

Lo que no es conveniente de ninguna manera es mezclar algunos tiempos verbales diferentes en algunas líneas (por decir algo, en dos o tres frases seguidas). Para narrar con verbos de forma óptima es esencial no cometer este error elemental. No solo elemental, sino bastante frecuente. Por ejemplo:

Luis partió de Barcelona el 18 de abril. Al poco, comienza a pensar en llegar cuanto antes. De todos modos mantendrá un buen ánimo durante la duración del viaje.

Examinemos este pequeño fragmento. ¿Qué nos llama la atención de inmediato? Es relativamente fácil darse cuenta que nos encontramos con cuatro tiempos verbales diferentes: pasado (partió), presente (comienza), infinitivo (pensar y llegar) y futuro (mantendrá). Es como si hubiera un montón de relojes encendidos con diferentes horas y alarmas. Solo nos puede traer problemas narrar con verbos de esta forma. Puede (es incluso probable) que el lector se haga un monumental lío. Lo más inmediato es que no sepa en qué momento de la acción se halla. ¿Ayer, hoy, mañana, nunca?

Por supuesto, no tiene importancia si se trata de un par de frases, incluso de un párrafo. Sin embargo, ¿qué decir si el problema se repite durante todo el texto? Esta forma de utilizar los tiempos volvería loco al más pintado. Es como si en una película te hacen un montaje yendo continuamente al pasado, al futuro y al presente sin ninguna clase de patrón. Los que hemos sido correctores de estilo nos encontramos habitualmente con este problema y sabemos lo desagradable que es.

En definitiva, narrar con verbos significa encontrar el tiempo verbal más adecuado para cada oración. ¿Eso quiere decir que debemos atenernos a un solo tiempo verbal durante el texto? Ni mucho menos, serán las necesidades de la narración las que nos orientarán en un sentido u otro.

Ejemplo 2: lo que puede y debe hacerse

En el ejemplo anterior, el autor podría haber hecho un uso alternativo para narrar con verbos de una forma ideal. Veamos cómo:

Luis hizo la maleta y se preparó para el viaje. Había sacado el billete por la mañana. Tuvo que buscarlo. Después se dirigió a la estación. Partió de Barcelona a las 20 horas.

Está claro que este pequeño fragmento utiliza los  tiempos verbales en pasado porque describe acciones ya realizadas. Es coherente con los hechos. Como curiosidad, casi toda la literatura está escrita en pasado. Es fácil de entender, lo normal es describir acciones ya completadas. Algo hecho en un momento dado, al cabo de un segundo ya puede considerarse pasado. Es normal, pues, que el escritor lo refleje así en sus textos.

Ejemplo 3: las mezclas de tiempos verbales

Ahora bien, imaginemos a Luis en la escena siguiente, ya en el tren, sentado en su butaca. Y comienza a pensar. Podemos variar a tiempo presente, porque se supone que el pensamiento es instantáneo y que es adecuado hacerlo así. Por ejemplo, el relato podría seguir:

Luis comienza a pensar en Marta. Cree que lo ha hecho todo por ella. Sin embargo, Marta no reconoce su esfuerzo y siempre le reprocha lo egoísta que es.

Narrar con verbos, en este caso, ha significado hacer un viraje de 180 grados hacia el presente. Es como si el personaje hablara consigo mismo, a pesar de describir acciones ya pasadas, pero el escritor cree que así personaliza un poco más el relato. Se halla más próximo del lector que si lo hubiera escrito en pasado.

Es más, podría haber dado una vuelta de tuerca más. ¿Para qué? Para cambiar incluso de persona, pasando de la tercera a la primera. Quedaría así:

Comienzo a pensar en Marta. He hecho todo lo que he podido por ella, pero es una ingrata. No reconoce mi esfuerzo y me trata de egoísta.

Se gana de esta forma, de nuevo, más proximidad con el lector.


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7 Comments

  1. Juan Manuel 17 septiembre, 2018 Reply
    • JPimat 18 septiembre, 2018 Reply
  2. Hèctor Arellano t. 18 septiembre, 2018 Reply
    • JPimat 18 septiembre, 2018 Reply
  3. aniasth 18 septiembre, 2018 Reply
    • JPimat 18 septiembre, 2018 Reply
  4. Edgar 13 octubre, 2018 Reply

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