Narrador autobiográfico: virtudes, miserias y ejemplos

Narrador autobiográfico es aquel en el que la figura del narrador se confunde con el protagonista (o con algún otro personaje). Sin embargo, hay confusiones al respecto (tercera persona). Me he propuesto (primera persona) disiparlas en la medida de lo posible. Si me sigues en lo que resta de artículo puede que te sirva de estímulo al pensar en este tema tan controvertido (segunda persona).

Como ves (sigo en segunda persona), por un lado las personas gramaticales nos van a ayudar, pero no es todo, no es tan fácil, tendremos que (primera persona en plural mayestático) profundizar un poco en la misión del narrador y en sus características más relevantes. Eso sí, con ejemplos continuamente (ya los estoy usando en estos dos párrafos introductorios… y lo digo en primera persona).

El hecho de mezclar continuamente las personas gramaticales en una narración no suele ser buena idea, a no ser que seas un genio literario (de nuevo empleo la segunda, siempre como ejemplo).

Narrador autobiográfico

El autorretrato en pintura correspondería al narrador autobiográfico. ¿Qué se pretende, qué pretenderías tú? Seguramente dar una imagen lo más fiable posible de nuestra propia identidad. Pero, ¿es posible, hay diferentes técnicas para ello?

Fjémonos un poco en el autorretrato de Van Gogh. Nos daremos cuenta en seguida que no pretende una versión realista de sí mismo. En literatura pasa lo mismo. Pero para eso tenemos que diferenciar entre distintos tipos de narración personal. Porque el narrador autobiográfico será muy distinto, según sea cada relato.

Tipos de narración autobiográfica

  • Biografía: no entraría en este supuesto, puesto que el biógrafo no habla de sí mismo, sino de otro. Aunque puede haber fragmentos en que habla el biografiado.
  • Autobiografía: en ella se pretende que el narrador autobiográfico y el autor sea el mismo, se confundan uno con otro.
  • Memorias: es una especie de autobiografía en la que destacan los hechos sobre aspectos emocionales, etc.
  • Epistolario: colección de cartas cruzadas entre dos personas que eventualmente tienen los mismos intereses.
  • Diario: no se demora la escritura; se pretenden reflejar los hechos cotidianos inmediatamente, con mayor o menor éxito.
  • Novela o relato autobiográfico: el narrador y el autor son distintos, pese a esos elementos de autobiografía, que pueden ser más o menos fieles a la realidad.

El narrador autobiográfico, análisis y ejemplos

Bien, ahora vamos a demorarnos un poco más con el narrador autobiográfico. Lo más corriente es confundirlo con el autor. El motivo es que (presumiblemente) el autor habla de sí mismo. Pero esta circunstancia es equívoca. De lo que se trata es de construir una historia que sea creíble para cualquier tipo de lector en general.

Si el autor confunde al narrador consigo mismo, lo más seguro es que el relato pierda consistencia y verosimilitud. Un lector puede llegar a la conclusión de que el autor no está motivado por la historia y su coherencia. Más bien le puede motivar el contar sus cuitas pasadas, aunque no correspondan a la estructura novelesca y a su unidad.

Hay que partir siempre de la base de que el narrador (incluso el autobiográfico) es una invención del autor para servir de intermediario con el lector. Por tanto, es un personaje más de la ficción. Y hay que elaborarlo con suma atención y prepararlo para su misión. De ahí que el desdoblamiento entre autor y narrador sea completamente necesario para la buena práctica de una narración autobiográfica.

Un ejemplo clave lo proporcionan los autores noveles (demasiado noveles, diría yo) que no tienen en cuenta el factor ficcional de una novela autobiográfica. De modo que se dedican prácticamente a hacer un diario demorado en el tiempo. Hay que sortear como sea esa dificultad añadida en este caso.

Narrador autobiográfico y personas gramaticales

Naturalmente, lo más apropiado (o por lo menos, lo más natural) para un narrador autobiográfico es usar la primera persona (alrededor siempre del yo): hice esto, pensé lo otro, busqué lo de más allá… Sin embargo, no es ninguna locura emplear la tercera persona para una narración de este estilo.

Ejemplo: Luis hizo esto sabiendo que ya lo había hecho antes.

Está descrito en tercera persona, pero el autor ha ideado ese narrador en tercera para inspirarse en hechos autobiográficos de su propia vida. Se suele decir que en literatura está todo permitido con una única condición: que el lector se lo crea, que lo vea viable y sugerente.

Otro ejemplo en segunda persona: ¿Sabías, Alberto, que me había sentido así antes?

En este caso, lo más probable es emplear la primera combinada con la segunda, como si le hablaras a otro, o incluso al propio lector. Si quieres una descripción básica, pincha aquí.

Pros y contras del narrador en primera o tercera

Para resumir, diríamos que (otra vez el plural mayestático en primera) escribir en primera persona te da mayor credibilidad (ahora en segunda), puedes profundizar mejor en el personaje (básico en un relato autobiográfico), es más fácil la identificación con el lector y puedes lograr un mayor suspense.

Sin embargo, en primera la narración es más limitada (el protagonista solo puede saber una parte de la historia). También existe el peligro de que monopolice la acción. Otro peligro todavía mayor: que el lector no empatice con el personaje.

Los inversos serían las ventajas y desventajas del narrador en tercera. La historia se amplía, el narrador es ajeno. Puede ser más objetivo. Puede hablar de todos los personajes desde distintos puntos de vista. Por contra, podemos perdernos en los detalles,  tal vez no elaborar los personajes con la debida profundidad. O, incluso, no lograr hilvanar una historia consistente.


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