Metáfora, la reina de las figuras retóricas

La metáfora aparece en varios campos de investigación modernos: semántica, hermenéutica, teoría literaria, psicología, psicoanálisis, etc. Sin embargo, en este artículo vamos a referirnos solamente a ella como recurso estilístico, ya sea en verso o en prosa, en poesía o en narrativa.

El término procede del griego:  meta (más allá, fuera) y pherein (trasladar). En esencia indica un traslado de la significación de un vocablo a otro, por relaciones de semejanza. Incluso, en último término, llega hasta su identificación total. Se aleja del símil (o comparación) porque se elide cualquier referencia a un verbo explícito para esa labor (como parecer, asemejar, etc.).

Por ejemplo:

Tus ojos parecen esmeraldas (esto sería un símil o comparación, con el verbo “parecer” de conector).

Pero si identificamos los dos términos con el verbo “ser”, el símil se convierte en una metáfora:

Tus ojos son esmeraldas

La identificación de un término con otro es la característica fundamental de este recurso estilístico.

La metáfora

Es decir, en toda metáfora tenemos que encontrar un término real y otro imaginario (o irreal, no real). En el ejemplo puesto anteriormente, el término real es “ojos” y el imaginario es “esmeraldas”. Y por supuesto hay un nexo semántico entre ambos, que en este caso podría ser la cualidad “verde”.

Si quisiéramos utilizar la cualidad “brillo” escribiríamos así:

Tus ojos son diamantes

La variedad de relaciones de semejanza es infinita (o por lo menos indefinida). Incluso se llega a decir que algunos poetas construyen metáforas donde casi nadie es capaz de encontrar una relación de semejanza. Por ejemplo, en el siguiente verso de Pablo Neruda tendríamos que pensar un poco:

Hojas secas de otoño giraban en tu alma

¿A qué término real sustituye “hojas secas de otoño”?

La metáfora: clasificación

En principio, el elemento retórico puede mostrarse de dos formas fundamentales:

1- Metáfora impura (común o simple). (A es B) (A = B)

Tus ojos son esmeraldas

2- Metáfora pura (no aparece A)

En este caso no aparece el término real, solo el imaginario o irreal.

Las esmeraldas que brillan en tu rostro

No obstante, las metáforas también pueden clasificarse de otros modos:

a) Metáfora aposicional

No aparece el verbo conector, solo una coma (A, B). Ejemplo:

Tus ojos, esmeraldas brillantes

b) Metáfora negativa

Aparece el adverbio de negación “no” (no A, B). Ejemplo:

Esmeraldas, no ojos

c) Metáfora de complemento preposicional

La unión del término real y el imaginario se hace mediante una preposición (A de B). Ejemplo:

Ojos de esmeralda

d) Metáfora cinestésica

A través de la percepción de diferentes sentidos. Ejemplo:

Ojos de dulce esmeralda

Ejemplos prácticos de metáforas

Lo mejor es mostrar diversas maneras de escribir metáforas para dar una idea práctica, aunque general, de su uso. A continuación unos cuantos ejemplos típicos:

  1. La llama que late en tu pecho.
  2. Caminaba por las nubes.
  3.  Mi corazón de cristal se ha roto.
  4. Corazón de seda.
  5. No tus ojos, soles.
  6. Su corazón, una flor sin abrir.
  7. Soy un juguete perdido en tus manos.
  8. Mi alma es un tigre herido.
  9. Viajo en el cielo de tu sonrisa.
  10. Mis recuerdos, olas en tu mar embravecido.

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