Historia de la novela

En el artículo sobre tipos de novelas hablamos de muchos géneros pero… ¿qué desarrollo histórico hubo para llegar a ellos? En esta brevísima historia de la novela daré las claves más importantes del proceso. Lo primero que hay que decir es que el género no se asienta como tal hasta principios del siglo XVII, coincidiendo con la publicación de El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605), adalid y fundamento de la novela moderna en esta apresurada síntesis que hacemos de la historia de la novela.

Las primeras muestras de novela se hallan en la Antigüedad clásica, en los relatos del Satiricón (siglo I) de Petronio y El Asno de oro (siglo II) de Apuleyo (con un antecesor en el griego Luciano de Samosata), así como en Dafnis y Cloe (siglo II), atribuido a Longo, otro autor griego. Pero no tenían la consideración de otros géneros literarios, considerados más respetables y serios, como la poesía en primer lugar. Sigamos con las que se consideran primeras novelas modernas en la historia de la novela.

Historia de la novela

Historia de la novela: primeras muestras modernas

En la historia de la novela, quizás una de las más antiguas en el sentido moderno sea Genji Monogatari, del Japón del siglo XI, principios del milenio. Se puede traducir como Historia de Genji, y su autora era una cortesana que introdujo la caracterización psicológica de algunos personajes. En el mundo occidental, los precursores fueron Bocaccio (El Decamerón) y Chaucer (Los cuentos de Canterbury), a partir del siglo XII. En estos relatos ya no hay un propósito didáctico, religioso o moralista, como en las fábulas o en los romances. Un precedente de este tipo de narraciones se puede encontrar en la célebre “Las mil y una noches”,  conjunto de relatos compilado en el siglo IX por los árabes y probablemente de origen persa, traducido finalmente en 1704 en Occidente. El término novela (del italiano novella) se fue asentando poco a poco, con gran dificultad.

Desde este punto hasta mediados del siglo XVIII se produce un ascenso ininterrumpido en toda Europa del género. Comienza con relatos cortos, que rivalizan con los romances (largos y en verso, por ejemplo Roman de la Rose). Pero ya “El Quijote” es una novela extensa, y marca un antes y un después en la historia de la novela, puesto que no solo rivaliza con el romance, sino que se gana el favor del público y se extiende rápidamente por Europa.

La descripción de situaciones reales (que en el siglo XIX se convertiría en el Realismo como corriente literaria) es una característica de la novela española que incluso se mantiene en la actualidad. Cervantes escribió su obra como una sátira de los libros de caballería (con personajes heroicos, propósitos moralizantes y prosa embellecida, como ejemplos significativos tenemos Tirant lo Blanc (1490) de Joanot Martorell o Amadís de Gaula (1508), de varios autores), pero en realidad sentó el precedente de la novela moderna en prosa de ficción: estructura episódica, realismo, personajes populares, caracterización psicológica, etc.

Sigamos con nuestra breve historia de la novela, por razones de espacio. No obstante todo ello, Cervantes tuvo precedentes del siglo anterior, en relatos más cortos, por ejemplo “El Lazarillo de Tormes” (1554), de autor anónimo, donde ya un realismo irónico de carácter mordaz se hacía notar en una narración de corte picaresco. De hecho, dio lugar a un subgénero conocido como novela picaresca. Otra novela (una serie de cinco en realidad) de parecido corte realista fue Gargantúa y Pantagruel (1532-1564), del francés Rabelais. También en el siglo XVI se desarrolló la novela pastoril, de corte amoroso y ambiente bucólico, cuyo precedente fue la Arcadia (1502), del napolitano Jacopo Sannazaro.

Siglos XVII y XVIII, el nacimiento de un género nuevo

Con la publicación de “El Quijote”, la novela adquiere rango de género novedoso y rompedor, original y denso a un tiempo. Cervantes incorpora la sátira, la parodia, la novela picaresca, las aventuras, etc. en un mismo relato, con intención de totalidad. Luego, Madame de la Fayette en Francia escribe Zayde (1670) de inspiración española y La princesa de Clèves (1678), ya adaptada plenamente al gusto francés. A finales de siglo, comienzan a gustar mucho las novelas con escándalos, que solían imprimirse en Países Bajos, debido a la censura eclesiástica, para ser luego importadas a Francia, Alemania e Inglaterra, de forma clandestina.

Quizás no se sepa por parte del público, pero en ese tiempo, la novela ni siquiera estaba contemplada como “literatura” (que en teoría era “arte” y por tanto, según la concepción clásica, tenía que buscar la belleza). Durante esta fase de la historia de la novela, los autores tenían que buscar mil trucos para que sus historias fueran admitidas y publicadas, como colocarlas en lugares fantásticos (The New Atalantis (1709), de Delarivier Manley) o en situaciones inverosímiles pero partiendo de pretendidos hechos reales (Robinson Crusoe (1719), de Daniel Defoe, considerada la primera gran novela inglesa). A Robinson Crusoe le siguió Pamela (1740) de Samuel Richardson, como un prototipo de novela epistolar, escrita en primera persona y con análisis psicológicos de los personajes, que anticipa ya el desarrollo pleno de la novela del siglo XIX.

Y definitivamente, la novela comienza a ser aceptada como género literario a partir de la publicación del “Traitté de l´origine del romans” (1670), de Huet, donde se debate el género por primera vez como algo autónomo dentro de la literatura, y se empiezan a analizar sus características básicas. Este libro comienza a circular por Europa durante finales del siglo XVII y todo el siglo XVIII, hasta que por primera vez en la historia de la novela y de la literatura en general es aceptado el género como parte integrante de la cultura occidental. Muchos autores que escribían bajo seudónimo dejaron de hacerlo y comenzaron a utilizar sus propios nombres y se convirtieron así en escritores de éxito.

Las historias de escándalos se limitaron entonces a los periódicos, lo que dio lugar en ese momento histórico a la prensa amarilla, que llega hasta nuestros días. Las novelas tenían que limitarse a ser historias de ficción sin más propósito que entretener, aunque con un bien ganado prestigio y una categoría artística para sus creadores. No obstante, la discusión del siglo XIX sobre si el artista debía escribir para un público o dejarse llevar en la ola romántica del arte por el arte, aún no se había abierto.

Con la irrupción del Romanticismo como corriente literaria, hacia 1770, se elabora un género conocido en Alemania como Bildungsroman (novela de formación), en el que un héroe o protagonista cambia a lo largo de su vida debido a factores exógenos. Un modelo acabado sería Los años de aprendizaje de Wilhem Meister (1796), de Goethe. Modelos más tardíos llegan hasta nuestros días, aunque con variaciones, como podrían ser En busca del tiempo perdido (1913-1927), de Marcel Proust, La montaña mágica (1924), de Thomas Mann o Retrato de un artista adolescente (1916), de James Joyce.

Para culminar la historia de la novela durante el siglo XVIII podríamos mencionar a la novela gótica, con un exponente claro, Los misterios de Udolfo (1794), de Ann Radcliffe. Según la teoría literaria que predominó durante ese siglo, lo sublime y lo bello se solapaban, de forma que se oponía lo tranquilo y calmado a lo estremecedor, lo sobrecogedor (que se asimilaba a lo sublime, según una concepción romántica). Durante un siglo la novela gótica se mantuvo en auge permanente, pero comenzó a morir con las obras de Jane Austen, por ejemplo La abadía de Northanger (1803) en que la autora parodió a ese tipo de novelas, como había hecho dos siglos antes Cervantes con las novelas de caballerías. Jane Austen creo un subgénero nuevo, la novela de costumbres, como en “Orgullo y prejuicio” (1811), que también puede considerarse como un prototipo para la novela sentimental posterior (conocida hoy como novela rosa, novela romántica, etc.), como las obras de las hermanas Emily y Charlotte Brontë  (Cumbres borrascosas y Jane Eyre, respectivamente).

Siglo XIX, la consolidación

Con el siglo XIX llegamos a la culminación de la novela como género. En la historia de la novela no ha habido un periodo más decisivo que este. Si bien el siglo XX representa un periodo de renovación de estructuras y puntos de vista, el XIX asienta definitivamente el género con sus muestras más representativas, especialmente con la irrupción del Realismo, después del periodo romántico y gótico. Podemos citar como una de las novelas románticas más representativas Nuestra señora de París (1831), de Victor Hugo. A partir de entonces, la evolución es hacia el realismo, con obras como las de Sthendal (Rojo y negro), Balzac (Eugenia Grandet) y Flaubert (Madame Bovary) en Francia, Dickens (David Copperfield) y Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas) en Inglaterra, Dostoievski (Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov) y Tolstoi (Ana Karenina) en Rusia… o ya en el siglo XX autores como Hemingway, Jack London o John Steinbeck en Estados Unidos.

En el siglo XIX no solo se culmina todo el proceso de la historia de la novela anterior, sino que se ponen las bases de nuevos géneros que llegan a nuestros días, como la novela de ciencia ficción (Julio Verne, H.G. Wells) o la novela policíaca (Allan Poe, Conan Doyle). Hacia finales de siglo, autores como Maupassant, Romain Rolland o D.H. Lawrence intentan revitalizar y concretar la novela psicológica, con mayor o menor acierto en cada caso. Otro género que adquirió gran auge fue la novela histórica, cuyo mejor representante quizás fuera el escocés Walter Scott, que escribió en clave romántica, con héroes caballerosos y damas intachables. Una de sus obras más características es Ivanhoe (1819).

Los nuevos tiempos

En los últimos años del siglo XIX y principios del XX se comienza a concebir la novela como un universo no solo estético sino también por lo que se refiere al contenido, llegando a cuestionar asuntos como la existencia de Dios, la preeminencia de la razón, la naturaleza de lo real o el progreso indefinido. Ya hemos citado los casos de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust o La montaña mágica de Thoman Mann. Marcel Proust rescata la memoria y comienza a hacer retroceder el tiempo dentro del relato. Pero quizás el autor que llega más lejos en el sentido expuesto es James Joyce, y especialmente con su novela Ulises. No solo revoluciona la forma de narrar, con la utilización del monólogo interior (que luego seguirían Faulkner y Virginia Woolf) sino que concibe la obra como una moderna epopeya, con la diferencia esencial de que los héroes son casi anónimos, personajes de la vida corriente de una ciudad corriente como Dublín. También da voz a distintos personajes y prácticamente acaba con la narrativa clásica de planteamiento, nudo y desenlace, lo que ya había hecho Marcel Proust con sus alteraciones del tiempo narrativo.

Sin embargo, también surgen desarrollos alternativos, como los de la novela polifónica (tipo Balzac y La Comedia Humana (1830-1850), donde pretende describir toda una generación y toda una época). Quizás una de las más representativas del siglo XX sea El hombre sin atributos (1943), de Robert Musil. Otros representantes de esta corriente podrían ser Thomas Mann, Elías Canetti o John Dos Passos.

Otro tipo de novela típica del siglo XX es la de autores como Kafka (El proceso, 1925), Aldous Huxley (Un mundo feliz, 1932) o George Orwell (1984, publicada en 1949), englobadas en la historia de la novela como obras distópicas, como antiutopías, donde el factor político tiene un peso importante y donde el individuo se ve reducido y convertido en un número y degradado como persona, inmerso en un ambiente lúgubre y hostil.

Es de destacar también en historia de la novela la llamada “generación perdida” norteamericana, la que va desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la Gran Depresión, con nombres como Scott Fitzgerald, Steinbeck, Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Henry Miller, etc. Algunos de ellos renegaban de su gran patria americana y se dejaban ver por París, centro cultural de primera importancia durante ese periodo.

En el siglo XX surgen otros desarrollos temáticos, como la novela existencialista (Sartre, Camus), la novela de denuncia (Solzhenitsyn, Milan Kundera), novelas de espionaje (John Le Carré, Graham Greene, Ken Follet, etc.), la novela policíaca (Agatha Christie, P. D. James), novela negra (Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Patricia Highsmith , James M. Cain, Jim Thompson y tantos otros), realismo mágico (Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, García Márquez, Isabel Allende, etc.), novela postmoderna (Italo Calvino, Günter Grass, Truman Capote, Julio Cortázar, Umberto Eco, Doris Lessing, Raymond Carver, Charles Bukowski, etc.).

El futuro de la novela

No podemos decir a estas alturas cuál será ese futuro, dentro de ese esquema general que hemos trazado en esta breve historia de la novela. Todo parece indicar que la novela se acerca, en sus vertientes más comerciales, a los géneros preferidos por el público, como puede ser la novela histórica, la de intriga, la novela negra o la novela romántica. Asimismo, en la vertiente estilística, se tiende a una narración de tipo cinematográfico, minimalista, con poca o nula descripción y con mucho diálogo. Pero solo el tiempo podrá decirnos algo respecto a ese futuro en un mundo dominado por los medios audiovisuales, como la radio, el cine, la televisión o internet. Esperemos que sea un futuro promisorio.

Foto de Ricardo Luengo en Flickr

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2 Comments

  1. annabolox 25 marzo, 2015 Reply
    • Jose Pimat 25 marzo, 2015 Reply

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