Estructura de una novela: verdades y mitos

La novela se expande en Occidente a partir de la imprenta. Primero, la gente instruida puede acceder a leer la Biblia, incluso ya en versiones vernáculas, en el idioma propio de cada lugar, puesto que el latín se había transformado, según las regiones, en múltiples lenguas diferentes, eso sin tener en cuenta el ámbito de las lenguas germánicas, donde más arraigó el protestantismo, que hacía de la versión literal de La Biblia su principal batalla en contra del catolicismo, más dado a liturgias y ritos.

A partir de la difusión de los textos sagrados, donde también se narraban acciones y reacciones de distintos protagonistas y antagonistas, y donde podía verse un germen de lo que luego se consideraría “estructura de una novela”, comienza a tomar importancia la narración de hechos cotidianos de la vida secular, a partir del Humanismo y del Renacimiento. Y los libros de ficción basados en personajes cotidianos comienzan a ganar el favor de amplias capas de público, cada vez más instruido, sobre todo en las ciudades (el público burgués, comerciante o artesano).

Estructura de una novela

A partir de estos hechos, los novelistas, los que escriben estas historias de ficción, comienzan a perfeccionar su técnica, y uno de los elementos primordiales es cómo debe concebirse estética y prácticamente la estructura de una novela, para llegar mejor al lector e interesarle.

Estructura de una novela desde el punto de vista clásico

El planteamiento clásico que vamos a exponer muy en resumen, ya se aplicaba en el teatro y se puede simplificar diciendo que consistía en tres fases basadas en el tiempo cronológico lineal y que se denominan usualmente:

Planteamiento: personajes, modo de vida, lugar, tiempo, escenario, primeras acciones.

Nudo: la evolución de los acontecimientos planteados anteriormente llega a su máxima expresión con los conflictos por resolver entre los personajes, que alcanzan su máximo punto de tensión en el clímax.

Desenlace: el novelista da una solución a esos conflictos, de alguna manera los resuelve en el final, que se espera sea coherente con el resto del texto.

Sin embargo, pese a que esta forma de imaginar la estructura de una novela es fácilmente comprensible y lógica, la evolución posterior hizo que este esquema básico diera lugar a múltiples variantes, incluso a la de realizar novelas sin nada que nos recordarse al esquema aludido, por ejemplo  “Ulises” de James Joyce, publicada en 1922.

Otros ejemplos de estructuras diferentes y/o anómalas

La utilización alternativa del tiempo novelesco o del punto de vista del narrador hicieron que aparecieran variantes distintas que diesen cuenta también de la estructura de una novela, aunque con una visión distinta. Veamos unos ejemplos:

Estructura circular: La novela comienza y termina igual, es como si el novelista quisiera enfatizar una vuelta al inicio que según cada novela puede interpretarse de muy distintas formas.

Estructura inversa: se van contando los hechos hacia atrás, el primer capítulo es lo que ha ocurrido en último lugar. Lógicamente la estructura de una novela en esta clave debe tener para el lector una intriga inversa: la de saber al final lo que ocurrió en primer lugar.

Estructura convergente: ocurre cuando hay dos argumentos que confluyen en el final. La estructura de una novela así se justifica porque los personajes de ambos argumentos acabarán interactuando entre sí en un momento u otro, normalmente a partir de los dos tercios de la novela.

Estructura autorreferencial: el autor vuelve sobre otras de sus obras o personajes constantemente, como intentando que sus diversas novelas formen un cuerpo único en la mente del lector.

Estructura paralela: cuando a través de un incidente único, el argumento se desdobla en dos, con personajes comunes o distintos. Si hubiera ocurrido A, argumento novelesco número 1. Si hubiera ocurrido B, argumento novelesco número 2. De hecho, en este caso, con la estructura de una novela de este tipo, los finales lógicamente pueden ser dos, así como los nudos conflictivos.

Estructura multifocal: aquella en la que los mismos hechos son narrados alternativamente por distintos personajes. La estructura de una novela así diseñada tendrá diferentes puntos de vista para los mismos hechos y no habrá, por tanto, un solo y nítido conflicto a partir de un personaje principal.

Estructura homogénea: el autor no desea destacar a un personaje en particular, ni antagonistas que se opongan a sus metas, etc. Los personajes entran y salen sin más, no hay un conflicto claro y el propósito de la estructura de una novela así concebida está más por la serie de acontecimientos casuales que van aconteciendo en el transcurso del tiempo novelesco y por la serie de reflexiones y actos autónomos de los personajes en las distintas escenas.

Estructura personalizada: el autor elabora la estructura de una novela, la suya, de un modo completamente original, sin ejemplos previos. Sería el caso del primer ejemplo que pusimos en el caso de James Joyce y su novela Ulises.

Estructuras con alteración del tiempo lineal: por ejemplo cuando la acción comienza en mitad del tiempo novelesco, sin planteamiento previo, llevándonos directamente a la acción (in medias res), o cuando se producen saltos en el tiempo hacia adelante y hacia atrás, bastante comunes en los novelistas de vanguardia del siglo XX, así como en la narrativa cinematográfica.

Otra consideración a tener en cuenta para analizar convenientemente la estructura de una novela en relación con su argumento o con sus contenidos, serían los condicionantes de la edición. Hoy día, los editores no quieren arriesgar y procuran editar novelas con altas dosis de intriga o de otros elementos relacionados con la pura técnica de los autores, que puedan enganchar a los lectores, como giros en la acción, complicaciones, nuevos conflictos, elementos sorpresa, suspense, etc. prescindiendo en parte de la posible calidad objetiva de las novelas, sobre todo en lo que se refiere al fondo de su argumento y a la exploración de la condición humana en general. Pero la eterna lucha entre novela comercial vs novela de autor será objeto de otro comentario en el futuro.

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Foto recortada de Carlos Alejo, en Flickr.

 

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