Diálogo narrativo: definición y ejemplos de mal uso

Como sabemos, los diálogos constituyen la base de los textos teatrales, pero llevado al terreno de la ficción y de la creación de historias, el diálogo narrativo es un instrumento para reducir la presencia del narrador y destacar la voz propia de los personajes. Es decir, que se da a estos últimos la posibilidad de interactuar directamente entre ellos. A la vez, se trata de una herramienta difícil de dominar, por eso en este artículo quiero proporcionar una pequeña guía de cómo utilizarlo bien. Y, sobre todo, de qué no debe hacerse.

El diálogo narrativo hace avanzar la acción. Lo que se dicen los personajes puede determinar los siguientes movimientos de la trama. La razón es bien sencilla: se producen variaciones decisivas. Si un personaje desvela un secreto, una motivación poderosa, un sentimiento explícito… hará reaccionar a otro u otros personajes en una determinada dirección. A su vez, la reacción provocará nuevas acciones. Tal vez es el principal recurso del diálogo narrativo, hacer avanzar la historia, en un sentido u otro.

Diálogo narrativo

Sin embargo, mal utilizado, puede entorpecer la narración, más que estimularla. Por eso hay que llevar cuidado, vamos a ver algunos riesgos de esta técnica.

Diálogo narrativo: riesgos de uso

1) Pretender ser el más listo de la clase

Si queremos evitar el “dijo” no lo hagamos así:

—¿Te parece curioso? —le interrogó ella.

—Muy curioso —profirió él.

—¿Estás seguro? —le demandó ella.

—Segurísimo —le apostrofó él.

—Bueno, si tú lo dices —retrucó ella.

—Sí, es lo que quería decir —infirió él.

Utilizar verbos dicendi raros y poco naturales no es la mejor forma. Después de todo, “dijo” no está tan mal. Pasa desapercibido y el lector se adentra en la trama.

2) Cuando crees que el lector es adivino

Lo contrario sería eliminar todo inciso: puede perderse el hilo de la narración. Al principio puede estar bien, después de 12 líneas… ¿quién está hablando?

3) Cuando el diálogo parece cosa de académicos

No se trata de reproducir un diálogo real, pero no hay que caer en el vicio contrario y dar lugar a un excesivo refinamiento, salvo que los personajes lo requieran. Por ejemplo:

—Ese vestido me parece ciertamente de un gusto exquisito, muy acorde con la entrada de esta estación que nos hace variar tanto nuestro estado de ánimo.

La alternativa a este estilo recargado sería siempre la concisión y la claridad:

—Ese vestido me parece muy alegre y primaveral.

4) Cuando no se cuenta nada

—Hola, ¿qué tal?

—Bien, ¿tú?

—Bien también.

—¿Nos sentamos?

—Me parece bien.

Un diálogo tiene que basarse en una interlocución inteligente: es mejor utilizar la elipsis.

5) Cuando se pretende contar demasiado

No es necesario reproducir íntegramente todo lo que ocurre cuando los personajes se encuentran y establecen diálogo. De nuevo, la elipsis inteligente es el mejor recurso. Querer contarlo todo no hace más que aburrir al lector, que solo quiere leer una selección de texto interesante del autor.

Otros cinco malos usos en un diálogo narrativo

6) Cuando podemos repetirnos en exceso

Un diálogo tiene que aportar nuevos datos a la narración. Si es algo que el lector ya sabe por haber sido contado por el narrador sonará como una reiteración innecesaria. Siempre habrá excepciones, pero aquí nos hacemos eco de reglas generales, no de los casos particulares.

7) Las voces de los distintos personajes suenan igual

Es síntoma inequívoco de que el autor no se ha tomado la molestia de caracterizar bien a los personajes. Por eso nos parece que todos hablan con la misma voz (que suele ser la del autor, claro). El autor siempre debe hacer el esfuerzo de meterse en la piel de cada personaje y de imaginar su parlamento.

8) Exceso patológico de incisos

Lo ideal, como regla general, es no tener que usar incisos en un diálogo narrativo. Eso saca al lector de la historia, ya que no es natural. Es posible que el lector tenga que imaginarse la escena, para ello es mejor utilizar al narrador y no insertar observaciones en el texto dialogado.

9) Ojo con los adverbios tontos y otras hierbas

—¿No lo ves, no es increíble? —dijo ella interrogativamente.

Bien, ya vemos que es una interrogación, no hace falta que nos lo haga observar el narrador. Y lo que sirve para adverbios podemos hacerlo extensivo a adjetivos, verbos, etc.

10) Personajes que hablan de ellos mismos

A veces los autores no son conscientes de que en una conversación real, las personas no se describen a sí mismas. Eso es bastante poco natural, o lo que es lo mismo, es forzado. Y tampoco funciona muy bien el truco de hacer mirarse al personaje en un espejo. Nadie se mira en un espejo para hablar de sí mismo, ¿verdad?

Conclusiones

Podríamos seguir indefinidamente pero excederíamos la extensión normal de un artículo divulgativo de estas características. Solo he querido llamar la atención de los riesgos que corremos ante una deficiente utilización del diálogo narrativo. En un artículo posterior hablaremos de las enormes ventajas del texto dialogado, que también las tiene, sin duda alguna.

Este y otros recursos podrás encontrarlos desarrollados y ampliados, con prácticas intensivas de uso, en nuestro “Curso Básico de Técnicas Narrativas”.


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8 Comments

  1. María Eugenia 2 Febrero, 2017 Reply
    • Jose Pimat 2 Febrero, 2017 Reply
  2. Feliza Gamarra 2 Febrero, 2017 Reply
  3. Adela 4 Febrero, 2017 Reply
  4. MONICA FORNERO 7 Febrero, 2017 Reply
  5. Jose Faget 11 Febrero, 2017 Reply
  6. MARA 20 Febrero, 2017 Reply
    • Jose Pimat 20 Febrero, 2017 Reply

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