Ambiente narrativo: definición, tipos y ejemplos de uso

El ambiente narrativo consiste básicamente en el escenario o espacio en el que se mueven los personajes y donde ocurre la acción de nuestra historia. Puede referirse a un lugar real o imaginario, pero abarca mucho más que el espacio físico en el que se mueven los personajes. Es el contexto entero, llamado también marco narrativo, de los sucesos del relato, incluyendo la época.

Ambiente narrativo

Tipos de ambiente narrativo

AMBIENTE FÍSICO:

Se refiere al lugar concreto,  geográfico o local, donde ocurre la historia. Puede ser un espacio reducido, como la sala de estar de una casa o la celda de una prisión, pero también un bosque o un país, la Francia de Luis XVI, por ejemplo.

AMBIENTE PSICOLÓGICO:

El ambiente narrativo también puede tener una componente psicológica. Tiene que ver con el marco abstracto que se genera a medida que avanza el relato a través de los personajes y sus acciones. Por tanto este ambiente narrativo no es estable, varía con el decurso de los acontecimientos. Puede ser de alegría al principio y de tristeza al final, o viceversa. Podemos encontrar un ambiente narrativo de tensión, de conflicto permanente, de drama, o bien relajado, tranquilo, etc…

AMBIENTE SOCIOCULTURAL:

Las características sociales y culturales de la historia también aportan al ambiente narrativo un componente específico. Si, por ejemplo, los personajes se caracterizan por ser de una familia burguesa y religiosa será muy diferente a otra narración con personajes extraídos de los bajos fondos o de un ambiente proletario o sindical, de lucha y reivindicación. Todos esos factores inciden en la historia y la condicionan.

Cómo ambientar una narración

Hay que tener en cuenta que al ambiente narrativo se le considera un elemento secundario. Es decir, como algo relativamente importante, pero menos. Lo cual es un tanto injusto, por eso es necesario que planifiquemos cuidadosamente la ambientación desde el principio. Para ello, anotaremos con cierto detalle, en las fichas pertinentes, los cuatro (o cinco) elementos básicos que afectan a la ambientación y que son:

  • a) Época

Todo lo relacionado con la época en la que situamos la historia. Puede abarcar desde el pasado más lejano hasta el futuro propio de las novelas de ciencia ficción o del género fantástico.

  • b) Duración

Aquí nos referimos al intervalo de tiempo que transcurra en el interior de la narración. Puede tratarse de minutos o segundos (en un relato corto) hasta generaciones enteras.

  • c) Lugar

Podemos ambientar la narración en cualquier tipo de espacio. Ya sea en la naturaleza salvaje o la moderna metrópoli. O bien en un pequeño pueblo del desierto. Desde un lugar muy lluvioso a otro muy caluroso o con temperaturas muy bajas. O bien en territorios inventados o en los espacios siderales. En principio, la imaginación en este terreno no tiene límites.

  • d) Conflicto

A veces, el mismo lugar se convierte en el conflicto principal. Por ejemplo, si un personaje se siente agobiado por vivir en un pueblo pequeño y desea emigrar a una gran ciudad, donde pase desapercibido. En ese caso, tendremos que convertir al pueblo y al ambiente narrativo correspondiente en un personaje más. Lo haríamos o bien en los primeros capítulos o en toda la narración, si transcurriera íntegra en el pequeño pueblo, en este caso particular.

  • e) Otros elementos

Aquí incluiríamos cualquier otra forma de ambientación que se nos ocurra, desde vestuarios, pequeños locales, lugares pintorescos, costumbres o hábitos de los personajes, etc.

Claves para la ambientación

A grandes rasgos, el ambiente narrativo puede concebirse de dos formas radicalmente distintas, aunque no excluyentes. Se puede articular por grandes bloques, dedicados por entero a este objetivo, o, por el contrario, puede realizarse a través del acúmulo constante de pequeños detalles ambientales.

Por ejemplo, imaginemos que nos hallamos en la Roma imperial. Podemos dedicar una escena entera, a describir la ciudad, hablando de sus calles y monumentos, de las casas y azoteas, del trasiego de la ciudad, de cómo los ingenieros romanos lograron traer el agua mediante los acueductos, etc…

Como alternativa optaremos por ir dejando, a través de la narración, pequeños detalle para lograr un ambiente narrativo específico. Lo lograremos nombrando edificios públicos, monumentos, templos, foros, etc., cuando sea pertinente en el relato de los acontecimientos. Por ejemplo, un personaje sale a la calle y ve de lejos la imponente estructura del Coliseo. Es más, lo nombra como Coliseum, un nombre más próximo al original, para resultar más cercano al lector.

Como otra muestra más de esta segunda técnica, “El nombre de la rosa”. En ella, su autor fue dejando un reguero de latinismos (a través de expresiones y frases) para proporcionar un mayor énfasis y verosimilitud al aspecto medieval de la historia.

En el supuesto contrario aquellas grandes novelas del siglo XIX, que empleaban sus primeros capítulos, casi íntegramente, para ambientar debidamente el relato sobre la época, la ciudad, la mansión de algún personaje relevante, las vestimentas de los personajes, etc.

También pueden crearse ambientaciones mixtas. Un ejemplo de ello serían las novelas de Tolkien. En ellas, elementos medievales reales conviven con elementos fantásticos y territorios inventados. Otro ejemplo sería el doble marco de una novela ubicada en la actualidad. La ciudad moderna, por un lado… y un núcleo antiguo, gótico, por otro lado.

Consejos finales

Es conveniente siempre que la ambientación no ahogue la historia. Es decir, no podemos convertir el ambiente narrativo en protagonista por encima de los personajes o del conflicto. Solo hay una excepción, que realmente lo sea y así lo quiera reflejar el autor. Por eso siempre tendremos mucho cuidado para ambientar en la cantidad justa, sin pasarnos de frenada.

Es obvio que entre los distintos elementos técnicos de que dispone un autor, tiene que encontrar un equilibrio entre todos ellos para que la obra dé sensación de armonía. Si incidimos demasiado en el ambiente narrativo, por ejemplo, estaremos descuidando a los personajes y a la historia en sí misma. Y eso podría convertirse en un problema de primer orden.

Otro ejemplo distinto, pero complementario, serían los diálogos.  Si los usamos en exceso, es posible que descuidemos otros elementos, como podría ser, en este caso, la ambientación de la historia. Ese equilibrio entre unos elementos y otros es básico y lo tiene que encontrar cada autor por sí mismo.


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